Hay momentos en los que uno está explicando un tema y, aunque los estudiantes estén físicamente presentes, su atención ya está en otro lugar. Algunos empiezan a conversar, otros miran hacia cualquier lado, otros se quedan en silencio, pero se nota que dejaron de seguir la clase.
En mi experiencia, cuando eso sucede, continuar explicando como si nada estuviera pasando casi nunca ayuda. Muchas veces es mejor detenerse unos minutos, cambiar el ritmo y realizar una actividad sencilla que permita que el grupo vuelva a conectarse.
Con el tiempo entendí algo importante: una dinámica no necesita durar media hora para funcionar. A veces cinco o diez minutos son suficientes para cambiar completamente el ambiente.
Por eso quiero compartir algunas dinámicas rápidas que pueden utilizarse cuando el grupo está cansado, distraído, con poca energía o simplemente cuando necesitamos hacer una pequeña pausa antes de continuar con el contenido.
Lo mejor es que no necesitan materiales complicados ni una preparación demasiado larga.
¿Por qué utilizar dinámicas cortas durante una clase?
Al principio uno puede pensar que detener la explicación para realizar una dinámica significa perder tiempo. Sin embargo, ocurre prácticamente lo contrario.
Cuando los estudiantes ya no están prestando atención, seguir hablando durante otros veinte minutos no significa necesariamente que estén aprendiendo.
En esos casos prefiero utilizar unos minutos para cambiar el ritmo.
Una dinámica corta puede ayudar a:
- recuperar la atención del grupo;
- hacer que los estudiantes se muevan;
- disminuir el cansancio;
- generar participación;
- romper momentos de monotonía;
- mejorar el ambiente antes de continuar con la clase.
Algo que he aprendido es que no todas las dinámicas tienen que estar directamente relacionadas con el tema que estamos enseñando. Algunas simplemente sirven para despejar la mente y recuperar energía.
Después podemos volver al contenido.
1. CAMBIO DE LUGAR RÁPIDO
Esta es una de las dinámicas más sencillas.
Cuando noto que el grupo está demasiado quieto o distraído, les pido que se levanten de sus lugares.
Luego doy alguna indicación sencilla, por ejemplo:
“Cambien de lugar todos los que tengan algo azul”.
Los estudiantes que cumplen esa condición deben levantarse y buscar otro asiento.
Después puedo continuar:
“Cambien de lugar quienes desayunaron esta mañana”.
“Cambien de lugar quienes tienen hermanos”.
“Cambien de lugar quienes prefieren trabajar en grupo”.
La actividad puede durar solamente tres o cuatro minutos.
Lo interesante es que obliga a los estudiantes a levantarse, observar a los demás y reaccionar rápidamente.
No hace falta convertirla en una competencia.
La intención es simplemente sacar al grupo por unos minutos de la rutina de permanecer sentado escuchando.
Cuando terminamos, generalmente ya existe otra energía en el aula y podemos continuar.
2. PALMAS Y RESPUESTA
Esta dinámica funciona muy bien cuando necesito recuperar rápidamente la atención.
Yo realizo una secuencia sencilla de palmadas y los estudiantes tienen que repetirla.
Por ejemplo:
👏 👏 — 👏
Ellos repiten exactamente el mismo patrón.
Después aumento poco a poco la dificultad.
Puedo combinar palmadas con golpes suaves sobre la mesa o movimientos con las manos.
La clave está en hacerlo rápido.
Cuando los estudiantes empiezan a concentrarse en copiar correctamente la secuencia, dejan momentáneamente de conversar o distraerse.
No suelo alargar demasiado esta actividad. Con dos o tres minutos puede ser suficiente.
Incluso puede utilizarse como una señal habitual durante las clases.
En lugar de pedir varias veces silencio, puedo hacer una determinada secuencia de palmadas y los estudiantes ya saben que deben repetirla y prestar atención.
3. PREGUNTA RELÁMPAGO
Otra dinámica que utilizo cuando quiero volver a conectar al grupo con la clase consiste simplemente en lanzar preguntas rápidas.
No necesariamente tienen que ser preguntas difíciles.
Por ejemplo:
“Díganme una palabra que recuerden de lo que acabamos de explicar”.
Cada estudiante puede responder con una sola palabra.
También puedo preguntar:
“¿Qué fue lo más interesante hasta ahora?”
“¿Qué concepto recuerdan?”
“¿Qué parte les pareció más difícil?”
“¿Con qué palabra resumirían el tema?”
La regla principal es responder rápido.
No buscamos una explicación larga.
Esto me sirve también para descubrir si realmente están comprendiendo lo que estamos trabajando.
A veces uno piensa que el grupo está entendiendo todo hasta que hace una pregunta sencilla y descubre que existen varias dudas.
Por eso esta dinámica no solamente recupera la atención, sino que también puede convertirse en una pequeña forma de evaluación.
4. VERDADERO O FALSO CON MOVIMIENTO
Esta es una de las actividades que más me gusta porque combina movimiento con contenido.
Antes de comenzar explico una regla muy sencilla:
Si consideran que la afirmación es verdadera, levantan las dos manos.
Si consideran que es falsa, cruzan los brazos.
Después comienzo a decir afirmaciones relacionadas con el tema.
Por ejemplo:
“El agua hierve siempre a exactamente la misma temperatura sin importar las condiciones”.
Los estudiantes tienen que decidir.
Después puedo preguntar rápidamente:
“¿Por qué?”
Escucho una o dos respuestas y continúo con otra afirmación.
También se puede hacer utilizando los lados del aula.
Un lado representa “verdadero” y el otro “falso”.
Los estudiantes deben moverse hacia el lugar correspondiente.
Esto suele generar más participación porque ya no están respondiendo solamente quienes levantan la mano. Todos tienen que tomar una decisión.
Con cinco afirmaciones normalmente es suficiente.
5. EL RETO DE LOS 30 SEGUNDOS
Cuando quiero que los estudiantes hablen entre ellos utilizo pequeños retos.
Les digo:
“Tienen 30 segundos para explicar a su compañero lo último que entendieron de la clase”.
Una persona comienza explicando.
Después cambio:
“Ahora el compañero tiene otros 30 segundos para agregar algo que no se haya mencionado”.
En apenas un minuto todos los estudiantes están hablando sobre el contenido.
Después puedo preguntar:
“¿Qué cosas aparecieron en sus conversaciones?”
Escucho algunas respuestas y continuamos.
Me gusta esta dinámica porque normalmente, durante una explicación tradicional, participan pocos estudiantes.
En cambio, cuando trabajan por parejas, prácticamente todos tienen la oportunidad de hablar.
Además, explicar algo con nuestras propias palabras obliga a organizar mejor las ideas.
6. ENCUENTRA ALGUIEN QUE…
Cuando tenemos un poco más de espacio, esta actividad ayuda bastante a activar al grupo.
Les doy una consigna como:
“Encuentra a alguien que tenga una respuesta diferente a la tuya”.
O:
“Encuentra a alguien que recuerde un concepto que tú hayas olvidado”.
También puede realizarse con preguntas más generales:
“Encuentra a alguien que tenga el mismo mes de cumpleaños que tú”.
“Encuentra a alguien que prefiera estudiar por la mañana”.
Los estudiantes tienen que levantarse y hablar rápidamente con otros compañeros.
No dejo que la actividad se extienda demasiado.
Con tres o cinco minutos suele ser suficiente.
Después regresan a sus lugares y continuamos.
7. TRES PALABRAS
Esta dinámica es todavía más sencilla.
Al finalizar una explicación les digo:
“Escriban tres palabras que representen lo que acabamos de aprender”.
Les doy aproximadamente un minuto.
Después pido algunas respuestas.
Un estudiante puede haber escrito:
“Comunicación, mensaje, receptor”.
Otro:
“Información, canal, respuesta”.
Aunque las palabras sean distintas, nos permiten revisar rápidamente las ideas principales.
También puedo utilizar la misma actividad antes de comenzar un tema.
Por ejemplo:
“Escriban tres palabras que relacionen con comercio electrónico”.
Esto me permite conocer qué ideas previas tiene el grupo antes de iniciar la explicación.
8. EL ERROR INTENCIONAL
Esta actividad suele generar bastante atención.
Mientras explico algo sencillo, introduzco intencionalmente un error.
Antes les aviso:
“Voy a explicar nuevamente esto, pero voy a cometer un error. Quiero ver quién lo encuentra”.
Inmediatamente cambia la forma en que escuchan.
Ahora están buscando algo.
Cuando alguien detecta el error, le pido que explique cuál fue.
También puedo escribir varias afirmaciones en la pizarra y decir:
“Una de estas afirmaciones está equivocada. Tienen un minuto para encontrarla”.
Esta pequeña competencia hace que el estudiante deje de ser solamente un oyente y pase a observar activamente la información.
No siempre utilizo la misma dinámica
Algo que considero importante es no convertir estas actividades en una rutina demasiado predecible.
Si todos los días hacemos exactamente la misma dinámica, llegará un momento en que también perderá su efecto.
Por eso intento variar.
Un día puede ser una actividad de movimiento.
Otro día una pregunta.
Otro día una actividad por parejas.
Otro día un pequeño reto.
No necesito preparar diez actividades diferentes para una sola clase.
Normalmente basta con tener varias opciones disponibles y elegir una dependiendo de cómo encuentro al grupo.
¿En qué momento realizarlas?
No considero que exista un único momento correcto.
Yo prefiero observar primero al grupo.
Hay señales bastante claras.
Por ejemplo, cuando empiezan a aumentar las conversaciones, cuando las respuestas disminuyen, cuando varios estudiantes empiezan a mirar constantemente hacia otros lugares o cuando noto que la energía general del grupo ha bajado.
En ese momento puedo decir:
“Vamos a hacer algo rápido antes de continuar”.
Realizamos la actividad durante unos minutos y después retomamos el contenido.
También pueden utilizarse al comenzar la clase.
Una dinámica corta al inicio puede ayudar a que los estudiantes dejen atrás las conversaciones o actividades que estaban realizando antes y se concentren en lo que comenzaremos a trabajar.
Algo que intento evitar
Uno de los errores que podemos cometer es explicar demasiado una dinámica sencilla.
Si una actividad dura cinco minutos, pero utilizamos otros cinco minutos solamente para explicar las reglas, pierde completamente su sentido.
Por eso prefiero instrucciones cortas.
Explico qué tienen que hacer, hago un ejemplo rápido y comenzamos.
También intento evitar dinámicas que puedan hacer sentir incómodo a algún estudiante.
No todos disfrutan hablar frente a todo el grupo.
Por eso alterno actividades individuales, en parejas, grupales y de movimiento.
El objetivo no es obligar a alguien a exponerse.
El objetivo es recuperar la atención y crear mejores condiciones para seguir aprendiendo.
Menos de 10 minutos pueden hacer una gran diferencia
Después de utilizar este tipo de actividades entendí que una dinámica no necesita ser complicada para ser útil.
No siempre necesitamos imprimir materiales, mover todas las mesas o preparar algo durante horas.
A veces basta con una pregunta.
Una secuencia de palmadas.
Un pequeño movimiento.
Treinta segundos hablando con un compañero.
Tres palabras escritas en una hoja.
Lo importante es reconocer cuándo el grupo necesita un cambio.
Porque enseñar no consiste solamente en transmitir información. También implica observar a las personas que tenemos delante y comprender cuándo necesitan detenerse, moverse, participar o simplemente cambiar durante unos minutos la forma en que están aprendiendo.
Por eso, cuando noto que la atención comienza a perderse, prefiero no luchar contra el cansancio intentando explicar más fuerte o hablando durante más tiempo.
Hago una pausa.
Cambio la actividad.
Activo nuevamente al grupo.
Y después continuamos.
Muchas veces, menos de diez minutos son suficientes para recuperar algo fundamental dentro del aula: las ganas de volver a prestar atención.